martes, 5 de enero de 2010
Y volver otra vez a sentirte cerca, a besar tu boca, a prescindir totalmente de todo menos de vos... De todo lo que tiene que ver con vos y todo lo que te identifica. Desaparecer del mundo, solamente vos y yo. AMANECERES. Muchos y consecutivos o pocos y espaciados, como sean, pero JUNTOS. Abrazando tus abrazos, tocando tus manos, mirandote mientras te acomodas el pelo. Sentados, envueltos en ese silencio hablador, más hablador que cualquiera. Y de repente un beso... De los que detienen el tiempo, de los que congelan el instante, trascendente a mas no poder, de los de 288 horas desde que paso el último de su misma intensidad. Exaltado y provisto de su traqueteo tipico. Virtuoso, ineludible, inigualable. Tan intenso, tan inundante. Y es que si de hablar en formas no convencionales se trata, nos consideremos expertos! Certezas de volver, deseos de permanecer, de seguir abrazados, de perdernos en nosotros mismos, van marcando el retorno de la espera nuevamente; que intenta convencernos, con argucia, que el tiempo se hace llevadero y nos devuelve a la rutina, a la inmanencia de lo cotidiano. Pero no caigo más. Yo no tengo la fuerza para estar lejos. Puede mi relato parecer cursi, pero encierra demasiados sentimientos, que en palabras no alcanzan ni a la mitad. Yo tampoco ERA asi.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)




No hay comentarios:
Publicar un comentario